El Reino de Aragón

Miguel Ibáñez - 11/06/2007

Estatua de Ramiro I, en la Plaza de Oriente, en Madrid.
Estatua de Ramiro I, en la Plaza de Oriente, en Madrid.
En el año 1035 muere el rey navarro Sancho Garcés III dejando un ingente territorio que repartió a sus hijos de la siguiente manera: Al primogénito, García, le otorgó Pamplona; a Fernando, el condado de Castilla; a Gonzalo, los condados de Sobrarbe y Ribagorza; y por último, a su hijo Ramiro le deja en herencia el condado de Aragón.
Tanto a Fernando como a Ramiro les deja además el título de reino a sus nuevos territorios. Estamos, por lo tanto,asistiendo al nacimiento del reino de Aragón con Ramiro I como su primer rey.

Sobre Ramiro I ha sobrevolado a lo largo de los siglos una leyenda que proponía un origen bastardo de su nacimiento que parece haber sido desmentido por algunos historiadores.

El nacimiento del reino de Aragón pone a Ramiro I frente a un sinfín de dificultades que no cesarán en todo su reinado y que perseguirán a sus descendientes, que al igual que su progenitor, sabrán sortear con una fortaleza y una inteligencia proverbiales.

Los enfrentamientos entre García, Gonzalo y Ramiro no tardan en llegar. A los nueve años de llegar al trono Ramiro, aprovechando la muerte de su hermano Gonzalo, adquiere sus dominios pasando a ser rey de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza. Extraña comprobar como estos territorios no pasaron al primogénito García, y se han dado varias interpretaciones al respecto. La más verosímil puede estar en el origen de estas tierras y su cercanía geográfica, prefiriendo los barones de estas tierras tener a Ramiro I como monarca.

La familia de los Aragón, al igual que el resto de los primeros reyes y condes cristianos de la Península, seguirán a rajatabla el lema actual de las multinacionales de "crecer o desaparecer". La voracidad expansionista de los reyes de Aragón comienza con su primer representante, que intentará tomar la Sotonera en 1057 y que atacará a las taifas de Lérida y de Zaragoza para ampliar sus dominios.

En 1062 los ejércitos de Ramiro y del conde de Urgell, Armengol III, se unen para asestar un duro golpe a los dominios musulmanes intentando conquistar Barbastro. Para ello las tropas del conde de Urgell saldrán de los castillos de Purroy y Pilzán dirección oeste. Y las tropas de Ramiro, vencedoras en Benabarre, partirán hacia el sur desde las fortalezas de Abizanda, Pano, Perarrúa y Fantova. Pero antes de lanzarse contra Barbastro debían hacerse con el castillo de Graus. Es en esta batalla donde morirá el primer rey aragonés en 1064.

Le sucederá en el trono su hijo Sancho Ramírez que en sus treinta años de gobierno se moverá con agilidad y astucia logrando dejar unas bases sólidas sobre las que extenderán sus descendientes los dominios del reino.

En primer lugar abre el reino al exterior con una hábil política matrimonial, que le lleva a tomar como esposa a Felicia de Roucy, emparentada con la familia real francesa, y otras casas nobles europeas.

En 1068 viaja a Roma para hacerse vasallo de la Santa Sede, de donde traerá a Aragón la liturgia romana frente a la hispana, que dominaba el rito en la Península, trayendo obispos franceses para ocupar los principales puestos religiosos de su reino, para lo que contó con el apoyo de los monjes cluniacenses, y con el rechazo del obispo de Jaca, su hermano García.

Esta relación estrecha entre Sancho Ramírez y el papado sufrirá algún contratiempo, como en 1080, cuando el papa Gregorio VII proclama una cruzada contra los musulmanes de Aragón y a la entrada de los ejércitos comandados por Guillermo de Aquitania, se interpone el de Aragón al frente de su ejército, haciendo retroceder al de Aquitania.

A la muerte del rey de Navarra, Sancho IV en 1076, Sancho Ramírez pasa a ser también rey de Navarra. Estratégicamente destaca la decisión de situar en la ciudad de Jaca la capital del reino a la que dotará de catedral y de un fuero que es el origen del derecho aragonés. Dentro del ámbito militar tomará para el reino plazas como Alquézar, Graus, Ayerbe, Bolea y Árguedas y construye el castillo de Montearagón, desde el que planea atacar Huesca. En algunas de sus batallas tendrá el rey de Aragón la ocasión de coincidir con Rodrigo Diaz de Vivar, el Cid.

Sancho Ramirez toma juramento a sus hijos, antes de la conquista de Huesca.
Sancho Ramirez toma juramento a sus hijos, antes de la conquista de Huesca.

Por fin se decide a asediar la ciudad de Huesca al tener afianzado el poder al norte de la ciudad. Y será en este asedio cuando Sancho Ramírez, mientras recorría el trazado de sus murallas para encontrar un flanco fácil para atacar, al levantar el brazo para señalar el sitio propicio, dejó visible la axila, y un hábil arquero colocó una flecha certera en dicho lugar, desprovisto de armadura, ocasionándole la muerte el 4 de junio de 1094, al atravesarle el pulmón.

Sancho Ramírez tuvo cuatro hijos varones lo que haría pensar que aseguraba la permanencia del linaje de la familia pero, como ya veremos, ninguno de los cuatro tuvo un hijo varón lo que indirectamente dará origen a la Corona de Aragón.

Pedro I.
Pedro I.
El primer heredero, Pedro I, heredó de su padre una visión clara de su destino. Ampliar el reino recibido. Así, en 1096, tras vencer en la batalla de Alcoraz, conquistó Huesca, trasladando a esta ciudad la sede episcopal de Jaca.

Fue en la batalla de Alcoraz cuando, según la leyenda, se apareció San Jorge combatiendo en el bando aragonés, siendo este hecho el que motivó que Pedro I incluyera entre los símbolos de Aragón la cruz de San Jorge sobre fondo de plata y con las cuatro cabezas moras representando a los cuatro jefes moros muertos en batalla. Cuatro años más tarde consigue la rendición de Barbastro. Ya tenía libre el camino a su gran reto, Zaragoza.

Pedro I se casó con Inés de Aquitania con la que tuvo dos hijos Pedro e Isabel, de salud débil. Con su segunda mujer Berta no engendró descendencia.

El reinado de Pedro I coincidió en el tiempo con las primeras cruzadas a Jerusalén, a las que estuvo tentado de acudir, pero fue convencido por el papa Pascual II de que era más útil para la cristiandad luchando en Hispania y proclamó una cruzada contra Zaragoza. Pero Pedro I morirá sin poder añadir Zaragoza a sus territorios pese al intento de 1101. Gran amigo y colaborador del Cid, Pedro I llegó a casar a su hijo el infante Pedro con una hija suya, María Rodríguez, enlace que se celebró en Valencia. Pero al poco tiempo, en 1103, morían los dos hijos de Pedro I dejándole sumido en el dolor, muriendo en 1104 y siendo enterrado en San Juan de la Peña.

Alfonso I, beneficiado por la falta de descendencia de su hermano, es entronado como soberano de Aragón y Navarra. El sobrenombre de "el Batallador" que tendrá el cuarto rey de Aragón no es casual. Sus treinta años de mandato le llevaron a la toma de ciudades como Zaragoza, Tudela, Calatayud, Alhama, Ejea, Tauste, Alcañiz y Daroca entre otras.

Alfonso fue un monarca completo. Guerrero invencible, político sagaz y de gran espíritu religioso, consiguió aunar los esfuerzos de todo su reino, nobleza, fuerzas económicas, caballeros, e iglesia que le seguían como a un ídolo. Se casó con la única hija del rey de Castilla, doña Urraca, de la que era primo lejano. Pero este matrimonio fue un fracaso y lo que podía haber desencadenado en la unión de los reinos de Aragón, Navarra y Castilla tendrá que esperar varios siglos para materializarse. Más bien al contrario las rencillas matrimoniales acabaron dirimiéndose en el campo de batalla hasta que un requerimiento papal dejó a cada uno en su sitio llegando la disolución canónica en 1114.
Alfonso I
Alfonso I

A partir de este momento Alfonso I dedicará todo su tiempo a la toma de Zaragoza. En 1118 se declara en Toulouse una cruzada para la conquista de la ciudad milenaria. La nobleza franca, navarra y aragonesa procedieron al sitio de la ciudad ese mismo año, conquistándola el 18 de diciembre.

Las capitulaciones de Zaragoza no eran demasiado duras con la población musulmana ya que la segunda parte de las reconquistas era la repoblación de esos territorios, siendo tarea árdua debido a la poca población cristiana con la que contaba el reino de Aragón. Incluso se facilitó la marcha de los musulmanes que lo desearan a otras tierras como Valencia. Veamos lo que escribió el historiador Ibn al-Kardabús al respecto:

"Aceptadas estas condiciones por ambas partes,y prestado el juramento de cumplirlas, los musulmanes entregaron las llaves de la ciudad al hijo de Ramiro. Así fue la poderosa ciudad de Zaragoza, uno de los miembros vitales del corrompido cuerpo del Islam, desgajada para nunca más formar parte de él..."
"No bien hubieron ocupado la ciudad los malditos cristianos, cuando la mayor parte de los habitantes marcharon a otras partes del país ocupadas por los musulmanes. Se dice que el número de personas que dejaron Zaragoza en esta ocasión excedió los cincuenta mil, entre chicos y grandes, hembras y varones. Cuando estaba dispuesta esta multitud para la marcha, cabalgó el rey cristiano fuera de la ciudad con su escolta y, presentándose ante los emigrantes, les ordenó formar en filas y mostrarle cuantos bienes, grandes o pequeños, llevara cada uno consigo. Hecho esto, fueron exhibidos tesoros sin cuento, y con todo cosa extraña, aunque el rey sabía muy bien que jamás en su vida volverían a recrearse sus ojos en tal cúmulo de riquezas, se abstuvo de tomar nada, y les dijo: "Si no hubiera pedido que me enseñárais las riquezas que cada cual llevaba consigo, hubierais podido decir: El rey no sabía lo que teníamos ; en otro caso, no nos hubiese dejado ir tan fácilmente. Ahora podéis ir donde os plazca, en completa seguridad". El rey, además envió un cuerpo de tropas para escoltar a los emigrantes hasta las fronteras de sus dominios, que todos alcanzaron a salvo, sin ser obligados al pago de ninguna otra pecha o tributo que el mitqal, que cada hombre, mujer o niño, estaba obligado a pagar antes de salir... Desde ese día hasta el de su muerte, Dios permitió que este insolente cristiano venciera siempre a los musulmanes".

Para repoblar sus nuevas tierras Alfonso I, otorgó fueros a sus ciudades e incluso trajo de su expedición andaluza a 10.000 mozárabes que instaló en Zaragoza y Mallén.

Tras una vida plagada de victorias y tras multiplicar las tierras heredadas por su padre, Alfonso I murió el 7 de septiembre de 1134 sin heredero. Pero si esto ya era preocupante, más lo será el testamento que dejó escrito y por el que legaba todo su reino a las órdenes militares del Temple, el Hospital y el Santo Sepulcro. Los aragoneses no aceptaron este testamento, que aprovechó Navarra para separarse de Aragón.

A los pocos días, su hermano Ramiro, retirado en la tranquilidad de la vida monacal, es reclamado por los aragoneses para que suceda en el trono a su hermano con el título de Ramiro II de Aragón. Ramiro el Monje, que así será llamado, es proclamado rey en la catedral de Jaca el 11 de septiembre de 1134.

Aprovechándose del desconcierto inicial, Alfonso VII de León y Castilla ocupa la ciudad de Zaragoza, que estará bajo su poder hasta 1036, cuando se firma el acuerdo de devolución a Ramiro II, en Alagón. De estos dos años nos ha quedado el blasón del león rampante de la bandera de Zaragoza.

Parece ser que algunos nobles aragoneses no respetaron a su nuevo rey, quizás por sus años de monje. Para aplacar los ánimos de los rebeldes decidió Ramiro dar un escarmiento y según la leyenda de la "campana de Huesca", los reunió a todos en la zuda de Huesca y les decapitó formando con sus cabezas una campana.

Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV
Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IVCortes de Aragón

En los escasos tres años que estuvo al frente del reino, Ramiro II debe resolver el problema de la sucesión de la casa de Aragón y frenar los ataques del exterior que amenazaban seriamente los territorios conseguidos por su familia. Se casa con Inés de Poitou y tendrá una hija, Petronila. Con sólo un año la casa con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. Con esta decisión consigue salir de forma airosa de la encerrona a la que le había llevado el destino. Por una parte consigue la continuidad de la familia Aragón y por otra el apoyo necesario para asegurar el crecimiento de sus posesiones.

Ramón Berenguer IV recibía de Ramiro II el reino pero no la dignidad real, que mantendrá Ramiro hasta su muerte en el año 1157. En ningún documento aparece Ramón Berenguer IV como rey sino como príncipe de Aragón.

"Maguere yo dé a tu, el regno, pero la mi dignidad real non lexo".

La relación de Ramón Berenguer con su suegro fueron buenas y trabajó para el engrandecimiento de Aragón hasta su muerte en 1162.

Le sucederá su hijo Alfonso II el primer rey de la Corona de Aragón.